19 de febrero de 2008

MX Beat Guadalajara

Después de dos-a-cuatro horas de sueño y el sacrificio de no haber conocido ido al Pasaje América, Carina Garabato, el doctor Mora y un servidor decidimos ser temerarios y salir a las seis de la mañana en un vocho negro y sin suficientes boletos en mano en pos de nuesro segundo MX Beat tapatio. Seis horas y media y cuatro mates nos separaron de Guadalajara, aquella tierra mítica de ojos bellos, árboles paradisiacos y pésimas señalizaciones, donde todos los caminos llevan a Zapopan, Saltillo, Nogales o Colima. Concientes de que la monstruosa habilidad de la ciudad por confunir a humilders turistas chilangos, la hora y hora perdidos en las garras del periférico nos pareció un tiempo razonable.



Llegamos a las dos de la tarde al festival, con la suerte de haber estacionado el vocho en un evidiable lugar y de no sólo haber conseguido boletos en nuestra primera oportunidad pero también de haber tenido el cáustico placer de haber agotado los boletos disponibles de manera ajena a la reventa. Pero la vida es perra, y por circunstancias fortuitas que por salud mental no quiero recordar, acabé entrando mucho más tarde, con sólo un Whopper siendo devorado por mis jugos gástricos, una hora de cola para volver a estacionar a nuestro noble corcel negro en un lugar cuya mediocridad no correspondía a su coraje, y la moral por su puesto. finalmente logré entrar al Festival hacia las seis, sudoroso, enojado pero viendo hacia enfrente y deseándome un feliz feliz no cumpleaños que acababa de empezar justo cuando me pusieron el brazalete y me encontré en los verdes pastos del MX Beat.

La entrada fue más floja que el año pasado. Cosa rara, porque a pesar de haberse agotado los boletos desde hace tres días hacia las seis el lugar estaba muy lejos de llenarse. Sin embargo, lo que se perdió en cantidad se ganó en cantidad, compensándose con una baja significativa en el número de desperate housuwives taconeando sobre los pastos del MX Beat, una mejor disposición de los guanatenses para disfrutar de la música en vez de creer estar en una especie de Countryclub-indie-lounge, y por último, pero no menos importante, la encabronada belleza de tapatíos cada vez más estileros y la presencia de algunos chilangos diluidos -Sicarios incluidos- haciendo juego con el concierto de Los Dynamite, cuyo sello Orgullosamente Hech en México que seguramente les valió el tener la siempre difícil tarea de comenzar a marinar la tarde para los grupos extranjeros que se irían viendo una vez que salieran las estrellas. Una lástima, porque siempre he creído que a su música siempre le queda bien la noche. De todas maneras, su actuación fue como siempre infalible e irreprochable.


Las primeras pinceladas de la noche fueron cubiertas por un grupo de negras que me pareció ligeramente ser de alguna manera la versión hip-hopera de las Pipettes. A pesar de su buen beat, creo que las chicas pasaron más ben sin pena ni gloria, mientras aprovechábamos el intermedio para llenarnos las barrigas de cerveza y los labios de sustancias alterantes. Sinceramente nunca podría decir que nos la estábamos haciendo pasar mal cuando comenzó a tocar la siguiente banda, una especie de corrección política hecha grupo indie: una negra, dos asiáticas y dos blancos. Se hacían llamar The Go! Team, y poco a poco se encargaron de llevarme a un mundo de pop tan grandilocuente y respetuoso de sus sesenteros orígenes que hacían ver a las Pipettes como viles Spice Girls. Algunas veces la ignorancia juega de nuestra parte, y esa noche tuvimos la enorme dicha de mezclar las grandes melodías de la banda con la sorpresa de no haberla escuchado antes


El siguiente numerito era de los Hives, pero la carpa electrónica ya estaba abierta, y decidimos sacrificar sus azules ojos para conseguir buenos lugares para Chromeo, el pretexto principal de nuestra odisea tapatía. Nuestro sacrificio pagó mucho antes, sin embargo, porque nos volviò a aggarrar de sorpresa cuatro chavos mezclando desenfrenadamente para las cuatrocientas toneladas de vacio de la carpa todavía semivacía, mientras algunos cuantos asistentes de avanzada seguíamos su música con pies y piernas. Se hacían llamar Holy Fuck! y tocaban algo parecido a The Rapture, aunque con una intensidad muco más caladora y profunda. Segunda enorme sorpresa, y eso que todavía no daban ni las doce.

Después de Holy Fuck y The Go! Team estaba tan quebrado que me empezó a valer madres lo que viniera. Seguramente estaba hipersensibilizado cuando Chromeo se apareció. Por su puesto, hubo fancy footwork y chicas necesitadas, pero bajo el
cielo de sorpresas que nos tocó, Chromeo fue más bien un mero cumplidor de su tarea. Nada se les puede echar en cara, pero la verdad es que el Festival se lo habían llevado otros predecesores.

Una vez cromados, nuestra misión en guadalajara había terminado. Carina Garabato, mas estoica que Juan Escutia antes de tirarse del Castillo de Chapultepec, habia dormido apenas dos horas. Yo habia sufrido los estragos de ansiedad de haber entrado al festival cuatro horas después de llegar a Guadalajara, y Rodrigo habia dormido tambien cantidades infimas de sueño. Decidimos emrender la retirada, no sin haber reconocido el goce de haber asistido a un festival mejor organizado, el habernos echado nuestro taco de ojo con la raza tapatía, haber gozado dos sorpresas musicales y un clasico de hoy apuntado en nuestro check list musical.

1 comentario:

carina dijo...

Me emociona mucho la manera en que te referís a Marafiotti, el corcel negro, magistral.
Hasta el momento no habiamos perdonado ni el, ni yo, la manera en que te habías dirigido, pero ya quedo en el olvido.
Gran viaje, mi concepto de GDL cambió rotunda y favorablemente.
Aguante zapopan y la lopez mateos, las carrozas blancas, los acordeones, Roberto, los ojos, el dr mora, y por supuesto, Ud.